Haciendo el indio en Canadá

Una de las clásicas tipis dispersas por Quebec.
Se llega en canoa y caben hasta 20 personas dentro. Son las tiendas tipis amerindias clavadas en la reserva natural de Mauricie, en Quebec. Antes de dormir, se pescan truchas, se cazan osos negros, se enciende la brasa, se cuentan leyendas aborígenes y se fuma la pipa de la paz.

Lo último, antes de echarse a dormir, es fumar la pipa de la paz. Pero hasta entonces la lista de actividades del viajero es altamente movidita: pescar truchas (las hay de tres kilos), prender la fogata, bailar danzas típicas, escuchar la retahíla de leyendas aborígenes (negras, en su mayoría) del Powwaw o líder espiritual... Sin olvidar el viaje en canoa necesario para llegar a estas tipis (tiendas de campaña al estilo amerindio) enclavadas en la región de Mauricie, una de las más hermosas de la provincia canadiense de Quebec y a unos 250 kilómetros de la capital homónima.

Son varios los complejos rurales de la zona que ofrecen este tipo de alojamiento desde 30 euros por persona. También se puede alquilar una tipi completa para la familia o combinar alguna noche en la tienda y otras en una cabaña o en las habitaciones del resort, ya que todos ofrecen varias opciones. Éstos son algunos: Le Rond Coin, Seigneurie de Triton, La Residence o Club Odanak, inmerso este último en la reserva Wemotaci, habitada por la nación india de Atikamekw, que puebla el lugar desde eras ancestrales. No en vano, Odanak significa pequeño pueblo en su lengua.

La fogata no puede faltar dentro de las tiendas cuando cae la noche.
Es una de las primeras cosas que explica el guía una vez plantados frente a las tiendas. La segunda: que de vez en cuando se cuela en ellas algún oso. «Pero no suele haber nadie dentro», añade para dejar al personal más tranquilo (sin mucho éxito...). Al momento cuenta que en algunas caben hasta 20 personas, que los sacos de dormir calientan de sobra (aun así, se hacen fogatas dentro), que los baños más cercanos («lo sentimos») se encuentran a unos kilómetros, donde se alza el edificio principal del resort, esculpido a modo de gigantesca (y bucólica) cabaña de madera. De ahí lo de llegar en canoa a través del fotogénico Lago Castor, uno de los 16 que integran la reserva Wemotaci. La completan cinco estanques, otros tantos kilómetros de río y 35 de caminos forestales.

Día familiar alrededor de la fogata en el poblado de la Seigneurie de Triton.
En el edificio central, al estilo rural, están la recepción, el restaurante o el spa. Y todo el material para practicar senderismo, kayak, ornitología, micología, rutas en trineo, en moto o con raquetas de nieve (en invierno, claro), en bici, a caballo o en hidroavión. Son las actividades más comunes, a las que hay que añadir la pesca y la caza. La Seigneurie de Triton ofrece hasta un paquete para mujeres, con talleres de tiro con arco (y con rifle), de iniciación al manejo de la canoa y de pesca con señuelo. También tienen el gourmet, a golpe de tartar de trucha moteada y encebollado de ciervo rojo. El complejo Le Rond Coin combina la estancia con masajes especiales, incluido uno para embarazadas.

Respecto a la caza, sólo se pueden atrapar osos negros, nada de blancos. Y uno por persona y temporada. La lista sigue con alces, perdices o marmotas. Si no, siempre quedarán las truchas. O el restaurante, con platos como estofado de wapiti (ciervo local), cazuela de hígado de conejo al coñac (especialidad del Club Odanak), carpaccio de buey o suprema de pollo al sirope de arce, tan típico de Quebec. Insistimos: lo suyo es avivar las brasas de la trucha recién pescada en la barbacoa montada entre las tipis y escuchar las crónicas indígenas de guerreros danzantes, pócimas milagrosas y años fecundos con seis estaciones. No olvide cerrar la tienda. Por si acaso viene el oso...


fuente: elmundo.es