22 DE ABRIL; UNA HERIDA QUE SIGUE ABIERTA EN GUADALAJARA


Por.
Lic. Fernando Jiménez Ríos
 
            Queridos Lectores, en esta ocasión platicaré con ustedes de una fecha imborrable para la ciudad de Guadalajara, el 22 de Abril del año 1992, la cual los Tapatíos jamás olvidaremos; y que a pesar de haber trascurrido 21 años de aquellos lamentables sucesos, las grietas y derrumbes provocadas por aquellas explosiones -hoy cerradas por completo- las heridas producidas en el sentimiento de sus habitantes aun siguen vivas y llenas de resentimiento, de dolor y de tristeza.

       
     La mañana del 22 de Abril de 1992, la ciudad de Guadalajara amanecía como cualquier otro día, con la salvedad que un día anterior, los habitantes del céntrico Barrio de Analco y Central Camionera enviaran diferentes llamadas de alerta a las autoridades locales, señalando la presencia de un penetrante olor a combustible (Gasolina) por toda la zona. Para lo cual, dichas autoridades señalaban a la ligera que “todo estaba en calma, que esto se debía a que “alguien” de manera “irresponsable” habría vertido algún combustible a los drenajes del subsuelo, sin que para ello existiera riesgo alguno.”

            La verdad, que lejos estaban las autoridades de ese entonces de la realidad que se vivió momentos después. Son ya las 10:06 horas de la mañana, vuelan por los aires las tapas de las alcantarillas colocadas en las bocacalles y empieza a exhalar el drenaje un vapor blanco; Cuatro minutos después, 10:10 horas, inician una serie de explosiones que sacuden por completo las entrañas de la tierra, se zanjan y se hunden los pisos de las calles, se derrumban las casas contiguas una tras otra, vuelan por los aires autobuses del trasporte público urbano repletos de pasajeros, de igual manera sucede con vehículos particulares que son lanzados hasta las azoteas de las pocas casas que quedan aun en pie, todo es confusión, gritos de terror, llantos, pánico, polvo, tierra y ese olor característico a carburantes (Gasolina) un olor a muerte, a tragedia y desgracia. Personas aun con vida sepultadas bajo los escombros: mujeres, niños, jóvenes, ancianos, personas adultas; como también y para mayor desgracia muchas personas ya sin vida. Por momentos aquellas escenas parecieran una ciudad bombardeada en tiempos de guerra.

            Los datos oficiales de ese tiempo refieren que: 18 kilómetros de calles y avenidas fueron destruidas, 209 víctimas mortales, 500 heridos (cifras por demás fuera de toda realidad y lógica) 15,000 personas perdieron su vivienda y se calculó que los daños económicos ascendieron entre 700 y 1,000 millones de dólares de esa época.

            Luego de tan dantesca tragedia iniciaron las “investigaciones”, vino entonces la “solicitud de licencia” del Gobernador del Estado de Jalisco, que no fue otra cosa que el cese y despido de sus funciones, así como de otros altos funcionarios. Para ese momento las preguntas rondaban entre la población: ¿Qué provocó esta enorme tragedia? ¿Quién o quiénes resultan ser los responsables de esta hecatombe? Pero la más importante: ¿Quién o quiénes habrán de responder ante todas aquellas víctimas de esta catástrofe?

            Todo el mundo especuló, Autoridades y Ciudadanía, pero la verdad sólo era una, el combustible (Gasolina) emanado provenía de la Planta receptora en Guadalajara que instaló precisamente la Paraestatal Petróleos Mexicanos y que por descuido, negligencia, impericia o presuntos malos manejos internos en la distribución de carburantes dieron como consecuencia esta fenomenal desgracia. De los responsables y a 21 años de todo esto nada se sabe de manera oficial y muchos de los damnificados actualmente todavía piden y exigen respuestas, respuestas que lamentablemente no han llegado.


            Esta fecha 22 de Abril, no sólo es para recordar estos funestos acontecimientos, sino para despertar la conciencia de las Autoridades a todos los niveles, dado que administraciones van y vienen; y en muchas de las ocasiones ésta tragedia se convirtió hasta en “bandera” de políticos y sus partidos. La verdad deberá llegar tarde o temprano, la impunidad debe ser erradicada desde su raíz y más aun en este tipo de desgracias. Muchas heridas físicas de esos hermanos nuestros han cicatrizado, pero las heridas del alma y del espíritu de cada uno de ellos aun siguen abiertas y sangrantes, porque ni el paso del tiempo menguará su profundo dolor.