"Cantinflas" Un genio inmortal

     Un día como hoy de hace 20 años, falleció uno de los últimos grandes genios que ha dado México y el mundo. En su acta de nacimiento se leía el nombre de Fortino Mario Alfonso Moreno Reyes, Pero el mundo lo conoció por el mote de Cantinflas

Nacido en el seno de una familia humilde y numerosa, Mario Moreno no terminó sus estudios y forjó su educación en la calle ejerciendo numerosos oficios, desde lustrabotas hasta boxeador. Comenzó su carrera de humorista en las carpas donde lo mismo parodiaba a los políticos de la época, que cantaba un tango o bailaba charlestón. Gracias a estas actuaciones, en 1936 apareció brevemente en la que fue su primera película, No me engañes corazón. Después de hacer otros papeles secundarios en cintas como Así es mi tierra o Águila o sol, el cómico saltó a la fama en 1940 con Ahí está el detalle, cinta a la que siguieron otros éxitos cinematográficos como A volar joven, El ministro y yo, El bolero de Raquel, El barrendero, El padrecito, El analfabeto, El maestro, El señor fotógrafo, El patrullero 777, Ni sangre ni arena y Su Excelencia.

Cantinflas está presente en muchas manifestaciones culturales y en el habla cotidiana de los mexicanos, eso lo convierte en un personaje vivo y presente de la cultura popular mexicana.

Con su aspecto desgarbado, sus pantalones anchos y semicaídos, el sombrero roto y su memorable pañuelo rojo al cuello, Cantinflas encarnaba al "peladito", un personaje de barrio pobre y marginal de escaso acervo cultural y gramatical, pero de muy pintoresca prosa con la que se burlaba de sus antagonistas en cada filme,  que no pertenecía a la clase trabajadora pero que se las arreglaba para sobrevivir a fuerza de una actitud irreverente frente a la sociedad y desafiando a la autoridad.

El personaje de Mario Moreno ha sido comparado en múltiples ocasiones con el Charlot creado por Charles Chaplin, quien el propio Chaplin definió al mexicano como «el mejor cómico del mundo».

Aunque los biógrafos no se ponen de acuerdo en el origen del mote Cantinflas, el fallecido escritor Carlos Monsiváis, que estudió el fenómeno lingüistico generado por el actor, aseguró en un ensayo que el sobrenombre surgió en las carpas durante una función en la que Mario olvidó su monólogo y, acuciado por los nervios, comenzó a decir lo primero que se le venía a le mente, formando frases incoherentes, por lo que alguien del público empezó a gritarle: «¡Cuánto te inflas!». Esta frase, de la que surgió la contracción, tiene en México dos acepciones, una que relaciona el verbo inflar al consumo de bebidas alcohólicas y otra que hace referencia a la exageración.

“Cantinflear”

     El cómico inspiró un verbo que la Real  Academia Española reconoció como tal en 1992 y lo define como una «forma de hablar disparatada e incongruente sin decir nada»

Cantinflas y los toros

     Una de las mayores aficiones del cómico fue la tauromaquia, la cual estuvo presente en sus películas como Ni Sangre ni Arena o El Padrecito. Fue un gran conocedor de la fiesta, reconocido torero cómico y ganadero de toros bravos, los que criaba en su finca llamada “El Detalle”, presentando sus toros con el nombre de “Hermanos Moreno Reyes”.

Incluso el gran cómico llegó a compartir cartel con Manolete  en un festival dos semanas después de la inauguración de la Plaza de Toros Monumental de México, el 19 de febrero de 1946, toreando el “Monstruo” de Córdoba, las figuras Pepe Luis Vázquez, Pepín Martín Vázquez y los diestros mexicanos Fermín Espinosa “Armillita”, Silverio Pérez y Luis Procuna. “Cantinflas” completó el cartel haciendo reír al público con su característica forma de torear,  le brindó el novillo a “Manolete” quien no pudo aguantar su seriedad ante el genio de la comicidad.


Compromiso social

     En la mayoría de la obra de Cantinflas se caracteriza por el gran contenido social a favor del más débil, ya sea desde una tribuna en la ONU “su excelencia” como abogado, policía, profesor o doctor. Siempre fue una voz crítica contra el político corrupto, el terrateniente o el rico opresor.

Este discurso realizado en la película “Su excelencia”, es un discurso que a pesar de los años puede ser usado perfectamente  mañana mismo en cualquier parlamento internacional sin quitarle tan siquiera una coma.