En Marruecos I




Una experiencia en todos los sentidos.

Por: Oscar Barba

Cruzamos el Estrecho de Gibraltar desde el puerto de Algeciras hacia Ceuta, pequeña ciudad española que se encuentra en territorio africano. Una vez que bajamos del ferry y con la mochila al hombro nos subimos en un autobús urbano y en cinco minutos estábamos en la línea fronteriza.



La primera impresión



El llegar a África es una experiencia intensa y difícil de olvidar, seguro que lo mismo les pasó a los seis que viajábamos, tres chicas brasileñas, un chileno y dos mexicanos. Todos a excepción del chico de los andes, nos conocimos un día antes en Sevilla, no se si fué el buen día que pasamos, la euforia por ver ganar esa noche al Real Madrid su novena Copa de Europa o simplemente el buen rollo que tuvimos desde el principio, que decidimos embarcarnos en un viaje hacia un mundo completamente diferente a cualquiera de los que por ahora habíamos visto.

Algo que recuerdo muy bien fue que los policías fronterizos de Marruecos al ver la bandera de México que llevaba pegada en mi mochila y obviamente mi pasaporte mexicano se acordaran del mundial de fútbol del 86, de Hugo Sánchez y de Cantinflas. Esta sorprendente empatía me ayudó a que todos los trámites de aduana y el cambiar dinero a Dirham (moneda marroquí), me resultara más rápido y sin tener que hacer cola. “Si nos quieren en todos lados”
En la frontera nos encontramos con muchos viajeros Españoles y Alemanes que cruzaban en automóvil y que eran viajeros habituales de aquellos lugares, la mayoría iban a un festival de música en Fez; nos dieron consejos de cómo negociar con los marroquíes, a no tener miedo de cómo te hablan “gritan mucho, pero nunca te pondrán una mano encima”, nos dijeron como era más fácil trasladarnos y entender un poco la cultura y forma de ser de los lugareños.

Ya con todos esos consejos y después de pasar por una zona de seguridad, fuimos en busca de un taxi para ir a nuestro primer destino la ciudad de Chefchahuen. Cerca de cuatrocientos taxis, todos MercedesBenz antiguos pintados de azul, nos esperaban fuera de la frontera y casi el doble de chóferes negociantes dispuestos a hacernos sus clientes a como diese lugar. Por fin después de negociar casi una hora el precio, acordamos finalmente pagar 400 Dirham (36€, 600 pesos aprox.)

Rumbo a Chefchauen
Ya montados en el taxi, nos dispusimos a seguir nuestro recorrido, después de ver por unos veinte minutos el mar comenzamos a subir hacia las montañas. La primer ciudad que pasamos fue Tetuán una de las más importantes de Marruecos. Originalmente nuestra idea era pasar un día en esa ciudad pero en el camino decidimos irnos hasta Chefchauen.

Mohamed nuestro conductor era un tipo con barba negra de semblante muy serio y metro noventa de estatura, portaba una chaqueta de lana gruesa no importándole el calor húmedo de finales de mayo, sin embargo resulto ser todo un personaje; lo primero que hizo fue complacernos cuando le pedimos algo de música para el viaje, de la guantera saco unos casetes llenos de polvo y los puso en el toca cintas del coche, era una especie de rock folklórico marroquí bastante agradable eso nos ayudo un poco a entrar en el ambiente. A mitad del camino y ya en plena montaña sobre una carretera de dos carriles con un desfiladero que nos saludaba todo el tiempo, no se como ni donde pero apartó el coche en un pequeñísimo arcen y con toda la calma del mundo, se bajo del coche, saco una piedra de hachís, su papel y se dispuso ha liarse un porro que ni Bob Marley. La cara de todos era un poema, mas que preocuparnos la situación de vernos en un país muy muy extraño, perdidos en la montaña con un taxista que no sabíamos si conducía o volaba y hasta que hora reanudaríamos la marcha, lo único que pudimos hacer es tener un ataque de risa que nos duro el resto del viaje.

Por fin llegamos
Después de dos horas de camino llegamos a Chefchauen, una pequeña ciudad situada en las faldas de tres montañas CHEF, CHA y HUEN de allí proviene su nombre, pero es más conocido como Chahuen que es mas corto. Nos instalamos en el hotel Salam un pequeño lugar de solo quince habitaciones muy confortables y baratas, todo estaba pintado de blanco y las puertas azules. En el primer piso a un lado de la recepción estaba un pequeño restaurante de comida casera que en vez de sillas tenia pequeños sillones de cuero y mesas muy pequeñas en las que apenas cabía la bandeja con una tetera y tres vasos; En la azotea se encontraba una terraza con paredes y sillas blancas y una magnifica vista, por un lado las montañas y por el otro el campo de las afueras del pueblo.

Lo primero que hicimos al llegar fue comer, lo hicimos en el pequeño restaurante del hostal fue entonces cuando tuvimos nuestra primera experiencia gastronómica marroquí. Para empezar el tradicional cuscus, “en la cultura Árabe se come solo los vienes, pero en algunos lugares de venta de comida lo suelen tener todos los días para quien quiera”. (El cuscus es una pasta que se hace con trigo y se puede acompañar con diferentes verduras), después cordero asado y de postre dulces típicos de la región. “Nada mal para ser el primer día”

Existió un poeta famoso “Jarani” que en una de sus poesías se refirió la ciudad con estas palabras “Yo soy Chefchahuen y yo soy el paraíso de la montaña”.

Por la tarde comenzamos a recorrer el pueblo e investigar sobre su historia, nos dirigimos hacia la zona del zoco así se le conoce a la zona comercial del lugar que es como un enorme mercadillo, un gran bazar donde se encuentra de todo, desde comida, ropa, pieles, artesanía etc. El color, el olor y los sonidos son algo que caracteriza a este lugar, la mezcla de aromas de especies, comida, pieles curtidas, junto con el constante gritar de los comerciantes ofreciéndote a toda costa sus productos, los rezos cinco veces al día por los altavoces de las mezquitas, hacen que te sientas en un lugar mágico, en otra época.

En uno de tantos puestos conocimos a Rachid Ouaich un comerciante que tiene tres tiendas de alfombras, ropa y artesanía. Una de ellas esta llena de fotos de clientes famosos, nos cuenta que por su tienda han pasado personajes muy ilustres como Bill Clinton, grandes deportistas, actores de Hollywood y sobre todo muchos músicos de todo el mundo. Le pregunté que de donde provenía el nombre de la ciudad y que nos contara algo de su historia, Rachid sé sentó en su Puf de labrado en cuero, nos preparo un té a todos y comenzó a hablar.

El nombre de Chefchahuen no es árabe, a pesar de que sus fundadores y habitantes lo eran, incluso descendían de la dinastía de Mahoma. El nombre de la ciudad es Berber que quiere decir “Mira la Cima de las Montañas”. La ciudad se fundo en el año 876 musulmán que corresponde a 1471 calendario cristiano, entre los historiadores existen dos versiones de quién fue su fundador; Unos dicen que fue el príncipe “Mulay Ali Ben Rachid El Alami” y otros dicen que fue “Hassan Ben Mohamed Ben Abi Yamaa El Alami”, pero es que en realidad la ciudad se formo en dos etapas Por lo cual los dos pueden considerarse fundadores de Chefchahuen.

Un recorrido por la ciudad
Por la mañana muy descansados y con ganas de conocer, paseamos por los principales lugares de interés de esta pequeña pero interesante ciudad. Fuimos a La muralla que rodea la antigua medina, las cinco puertas de entrada a la medina, el Alcazaba dentro de este lugar se encuentra un museo y un centro de investigación.

Uno de los lugares más bonitos de Chaouen es el manantial y la fuente de Ras El Maa. Bajo el relajante sonido del agua bajamos al lado del riachuelo y pudimos ver como las mujeres aún lavan la ropa en el río y como funcionan todavía los molinos hidráulicos los cuales suministran de agua potable a toda la ciudad. (El agua es apta para el consumo humano, pero es mucho mejor comprar siempre agua embotellada). Siguiendo este camino nos llevó al Rif Sebbanin, el barrio de los lavaderos, con la Plaza de Sebbanin y su mezquita del siglo XV.

En Plaza Uta el-Hammam a la sombra de la morera comimos y descansamos, observando el ir y venir de la gente y la belleza de la Gran Mezquita y de la Kasbah con su pequeño museo que alberga una modesta colección de armas antiguas así como instrumentos, textiles y algunas fotos históricos de la ciudad; también hay una galería de arte dentro de las murallas.

Fué un día muy largo, pero aún nos queda tiempo para subir a la pequeña mezquita Jemaa Bouzafar y contemplar la puesta del sol y pensar en que mañana nos espera un recorrido hasta la ciudad de Fez.