GUADALAJARA. HISTORIA DE SU PRIMERA Y SEGUNDA CATEDRAL


Por: Lic. Luis Fernando Jimenez Rios

Estimados Lectores, gracias al espacio que nos brinda amablemente para este Portal cibernético nuestro Director Don Oscar Barba, continuamos con nuestra participación escrita en la cual, el día de hoy referiré a todos Ustedes, lo que fue el inicio de la construcción de la Primer Catedral de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, y que varios cronistas e historiadores de esa época y las posteriores así lo consagran en sus diferentes tratados, acotando desde luego que los datos aquí plasmados, fueron extraídos por su servidor, luego de una serie de investigaciones dentro de los Archivos de nuestra ciudad Capital.

Entrando en materia, decíamos en la pasada entrega que según los cronistas de la época, el sitio en el cual se funda la ciudad de Guadalajara fue a un costado y la parte posterior de lo que hoy se conoce como el Teatro Degollado, muy cerca del Río San Juan de Dios, conocida actualmente como la Plaza Fundadores. Pues bien, al lado opuesto, es decir, al extremo Norte de este lugar, los colonizadores españoles deciden edificar la primera Iglesia dedicada o más bien consagrada, propiamente dicho, a San Miguel Arcángel, Patrono y Protector de la naciente ciudad, luego que, a decir de todos ellos, este Santo Patrono los libró de la furia de los indios lugareños en las batallas escenificadas entre los años 1540-1542.

En la actualidad, esta edificación se le conoce con el nombre del Templo de Santa María de Gracia. Nos narra Don Leopoldo I. Orendain que: “Humildes por no decir miserables, fueron las primeras fincas levantadas a raíz de la Fundación de Guadalajara. Ni para la Iglesia se notó preferencia alguna, a pesar de que los indios trabajaban de balde y los españoles tenían la obligación de proporcionar gratis los materiales. Un jacalón de tres naves, cual troje de rancho, servía para el culto divino. Bajo la férrea vigilancia de los encomenderos, levantaron las paredes en tres meses. Cuando ya las tuvieron a la altura conveniente, los enviaron por manadas a conseguir el zacate necesario para la cubierta. Cortando más de cuatrocientas cargas, en lo pajonales que crecían por los alrededores de la naciente ciudad”.

Ahora bien, el Historiador Ignacio Dávila Garibi nos cuenta que esta Primer “Catedral” era: “…una destartalada capilla pésimamente construida, disponiendo el Cabildo en el mes de Marzo de 1553, se cubriera de paja la nueva Iglesia y las campanas, para que no se mojen. A este templo se le llamó inicialmente la “Iglesia chica”, para distinguirla de la segunda, misma que se edificó posteriormente en el mismo lugar y sobre los propios muros de la anterior.”

Nos sigue contando el Historiador que; “Además del Santo Patrono, se veneraba un Santo Crucifijo y para los bautismos contó la capilla con agua bendita. Fue en enero de 1554 cuando el Cabildo dispuso que se trajeran de México cuatro vinajeras y cuatro candelabros de azofar ochavados, un misal, diez varas de paño colorado de la tierra y ocho libras de cera gruesa, siendo su primer capellán de coro Antonio Jiménez. Y el 5 de febrero de 1556 se nombró cura a Diego de Frías; en el año de 1556 se compraron dos órganos que costaron 200 pesos y el 20 de enero de 1569 se nombra organista al canónigo Pedro Merlo con salario de 40 pesos anuales y por último, el maestro de obra fue Don Alfonso Robalcava en el año de 1570 quien construyó la sacristía y posteriormente, cuatro años después hizo la torre”.

Y si bien es cierto que muchas fueron las penurias y limitaciones para la edificación de esta primer Iglesia, el colmo del infortunio se hizo presente ante los lugareños y nos cuenta otro Historiador, Don Enrique Marcos Dorta que: “El domingo 30 de mayo del año 1574, cuando celebraba la solemne misa el Presbítero Bernardo de Balbuena, a la hora de entonar el “Gloria in excelsis Deo”, varios vecinos lanzaron cohetones al aire en el corral contiguo a la Iglesia, lo que provocó que se incendiara el techo de paja. El fuego se desplazó rápidamente consumiendo en poco tiempo la paja del techo, la campana comenzó a repicar (la única que había en la Iglesia) dando el toque de incendio y alertando a la población. El Padre Balbuena intentó, junto con otros vecinos, sacar el bello retablo de “ecaxes tallado y dorado” cosa que les fue imposible ya que las llamas y el fuego consumieron por completo el lugar.”

Continua comentado Dorta: “El fuego consumiendo del hermoso retablo, se propagó hacia los escaños, sillas corales y sacristía, donde acabó con ornamentos, vasos sagrados y una rica custodia de plata dorada, alcanzando las pérdidas por un monto de veinte mil ducados, cantidad fabulosa en aquel tiempo”.


Luego de esta verdadera desgracia y al paso de los años, 56 para ser exactos, el 19 de febrero del año 1618 se consagra la actual y definitiva Catedral de Guadalajara en el sitio que hoy se ubica; y aunque se encontraba aun sin decorar en sus interiores, la fachada incompleta y sin sus torres, ese día el Dean Antonio de Avila de la Cadena, acompañado de muchos files, trasladó el Santísimo Sacramento, de la vieja Catedral a la actual y Nueva Catedral, cantando la Misa el arcediano Dr. Pedro Gómez Colio, quien fuera el primer Sacerdote criollo de Guadalajara, el Evangelio fue leído por Don Juan Torquemada, racionero y la Epístola por Don Diego García; predicó el Dean Don Antonio Avila de la Cadena y por la Real Audiencia estuvieron presentes Don Juan de Avalos Toledo, Don Bartolomé de la Canal de la Madrid y Don Diego Medrano, lo oidores Don Gaspar de Chavez Sotomayor, el Alguacil Mayor de la Corte Don Juan González Apodaca y Don Francisco Velasco, todos ellos presentes en esta gran ceremonia.

Por el momento es todo, agradeciendo la atención de todos Ustedes y desde luego, esperando sus comentarios, críticas y sugerencias. Hasta la próxima.

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